Oda a la Danza

El conocimiento del propio cuerpo comienza cuando se quita la atención en la mente y cuando se concentra por completo en el movimiento. El pensamiento independiente o el pensar con la propia mente, se aprende a través de enfocarse en los sentimientos y sensaciones, y en visualizar imágenes libres de la rigidez de este mundo. Con estos dos enfoques diferentes todo un mundo lleno de posibilidades se revela.

Los movimientos de la danza del vientre permiten entender y experimentar un ritmo natural. En esta forma de danza, la bailarina balancea sus piernas alrededor del centro de su cuerpo, alrededor del ombligo del mundo, a través de las ondulaciones y el balanceo, movimientos rítmicos del pelvis, a través de movimientos más antiguos que la civilización humana. Bailamos hasta convertirnos en uno con un ritmo que estaba aquí desde antes que nosotros y que seguirá estando después de que nos hayamos ido.

A través la danza, el ser humano puede ir más allá de los límites en un mundo de grandes pensamientos donde el anhelo por la transformación se mantiene y  donde se reconoce la majestuosidad del verdadero yo. Con el baile, cada persona se convierte en antiguo y universal. El éxtasis natural, proyectado a través de la danza lleva a la bailarina más allá de su aislamiento y la sensación de estar separada. El baile es en realidad la forma más rápida para unirse con lo divino.

En este mundo lleno de cosas fugaces y efímeras, la sabiduría es la única meta duradera para que la gente pueda pasarse la vida luchando. Hay tantos caminos hacia la sabiduría como hay seres humanos. Existen carreteras vertiginosas difíciles, caminos suaves así como hay confortables o hermosas carreteras lentas que invitan a permanecer un rato más. El baile es la forma más directa de llegar a ser consciente de tu espacio interior y exterior de tu cuerpo.

El bailar revela sentimientos, anhelos, y nostalgia, así como los poderes de la mente como la observación y el pensamiento. Nos corresponde a todos los seres humanos reconocer nuestros propios caminos. Este deber otorga dignidad sobre ellos y los convierte en seres nobles y honorables. El cumplimiento de las tareas y obligaciones diarias encuentra su sentido en el conocimiento de nuestro propio camino. El baile es una forma de encontrar al maestro interior, en uno mismo. Las alas de la imaginación se disparan a través del baile.

El baile es la alegría de la vida, de la creación, una expresión del despertar del alma que se refleja en la experiencia durante el baile y en los movimientos rítmicos. Bailar significa construir el cuerpo y el espíritu más allá de todas las limitaciones culturales, uniendo los seres humanos con su antiguo pasado directamente aunque fluidamente. En el calor del baile, las barreras entre la mente y el cuerpo desaparecen, permitiendo crecer y entrar en un mundo de grandes pensamientos y sentimientos que se encuentran bañados por la fragancia de la transformación la cual se ha esperado toda la vida.

A través de la danza, las personas pueden descubrir la belleza y la fuerza que se encuentran dentro y mediante el éxtasis natural de baile, aprenden a entregarse a una fuerza superior que les permite adivinar la unidad y la integridad de la vida. A través de sus movimientos anidan los movimientos del universo y a su vez sus propios movimientos se reflejan en los movimientos de las estrellas, las flores, y el niño recién nacido. Las cargas de la vida y la agitación interior se detienen en el momento elevado de baile. En este instante, el mundo se convierte en una obra de arte, un reino de unidad.

Durante el momento intenso de un baile nuevos mundos y posibilidades incitan a la comprensión propia. Por medio de los movimientos del cuerpo, el corazón se abre y una gran reconciliación con uno mismo y los demás podrán seguir su curso. En el instante exaltado del baile, los seres humanos experimentan una sensación de fluir, infantil y lúdica que les permite relajarse en la conciencia en un equilibrio ejercitando la libre voluntad y el rendirse al ritmo de la vida.

A través de la danza, la gente puede entender sus sentimientos. Las personas que bailan se mueven por sentimientos de ligereza y felicidad que les permiten tomar la vida más fácil para superar sus altos y bajos con una actitud más ligera. Con la danza se libera de la certeza de la muerte y se conecta con el pulso de la vida. Las barreras entre el Tú y Yo se vuelven menos marcadas, los métodos con los que marcamos la realidad a nuestro propio molde pierden su rigidez. La coincidencia dolorosa del libre albedrío y el destino puede ser captada en su grandeza para que nos ayude a ser hijos de la naturaleza. La libre elección y la rendición pueden ambas ser expresadas a través del baile y convertirse en intuición.

La intuición, tan difícil de poner en palabras, se considera en general una cualidad “femenina”, adscrita a la parte derecha del cerebro. A través de la danza, la intuición puede crecer y llegar a ser integrada con la razón pura. Una persona se convierte en un ser humano a través del ir y venir, por las altas y bajas de la vida, y a través de las palabras en silencio del corazón. Las mujeres tienden a escuchar estas palabras más que los hombres. A través de la danza se puede seguir esta voz interior con mayor conciencia, entregándosela al ritmo y expresión.

Bailar también estimula el inconsciente, que a su vez lleva a una conciencia ampliada y una personalidad ampliada. El baile es un elemento que realza la vida y la sensación de plenitud. La danza del vientre te lleva a la cueva profunda y oscura hasta el centro de la tierra y a la fuerza de la vida, a la luz, a la inspiración y al nuevo conocimiento.

El camino hacia el espíritu se encuentra a través del cuerpo, a través de la materia. El hecho de que la palabra “matter” en sí ya está presente en la palabra alemana mater o madre, no puede ser más que significativa, aunque esta conexión es a menudo descuidada en la lógica del mundo masculino. Pero ambos mundos se complementan. Sin eso, ningún hombre o mujer podría desarrollarse o ser plenamente humano. La toma de conciencia, la búsqueda y la aspiración a la unidad, y no a la uniformidad pueden ayudar a los seres humanos a salirse del estado de separación y aislamiento y guiarlos hacia la unidad.

El principio esencial que hace posible tal transformación es la capacidad humana de amar. Como Erich Fromm decía, “El amor es ante todo un acto de fé y aquel que pueda creer poco, también amará poco. ”

El baile ofrece lo consciente y lo inconsciente, lo racional y lo intuitivo y es en sí un espacio en el cual se pueden sumergir los dos mundos gradualmente. En la danza del vientre, los sentimientos pueden aflorar suavemente y ser reconocidos con seguridad, se puede ganar la aceptación, por lo que la vida se ve desde otra perspectiva. “La danza puede revelar todo lo misterioso que yace oculto en la música y tiene el mérito adicional de ser humano y palpable. Danzar es poesía con piernas y brazos”, dijo Charles Baudelaire como su oda a la danza.

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